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Desde los orígenes de la civilización, hemos podido comprobar
como la práctica de ejercicios físicos ha estado reservada a determinadas
clases sociales, o con finalidades muy concretas y diferenciadas.
De su aplicación militar durante las primeras civilizaciones hasta los sistemas
nacionalistas del siglo XIX, poco ha variado la formación primordial
del empleo de las actividades físicas como elementos formativos,
ni tampoco ha evolucionado en lo esencial, su función educativa
desde el período helenístico hasta la actual educación física escolar; sin
embargo, el uso de las actividades físicas gimnásticas con fines recreativos
ha sido el que mayores cambios ha experimentado durante los
dos últimos siglos, en cierta medida como consecuencia de las muchas
variaciones sufridas por la sociedad en la consideración y valoración de
los tiempos de ocio y recreación.
Uno de los indicadores más significativos de la calidad de vida de los
ciudadanos, ha sido sin lugar a duda la práctica de actividades físicodeportivas,
que al inicio del último siglo se ofertaban de manera generalizada
y plural, intentando favorecer el acceso de todas las personas a la
práctica deportiva mediante campañas como la de “Deporte para
Todos”, pero que posteriormente han comenzado a adquirir unas señas
de identidad particulares en función de las capacidades, interés y motivación
del sector de población que las realizaba, otorgándoles con ello un
carácter diferenciador de los diversos estilos de vida de sus practicantes.
Esta adaptación de las ofertas de actividades físicas a los gustos de
cada individuo, abandonando la costumbre habitual hasta entonces de
incorporarse a las ofertas impuestas por el contexto, como instalaciones,
influencias familiares, culturales o sociales, etc., ha venido provocada
en cierta manera, por la invasión del consumismo en el mercado
del ocio que a diario nos venden a través de los medios de comunicación
de masas y que muy bien definen algunos pensadores actuales en
textos como el siguiente: “...la cultura del consumidor contemporáneo
connota individualismo, personalidad y conciencia del propio estilo. El propio
cuerpo, la indumentaria, la forma de hablar, las actividades de ocio, las
preferencias en comida, bebida, casa, coche, elección de vacaciones, etc.,
deben verse como signos de individualismo en el gusto y sentido del estilo
de propietario/consumidor.” (Featherstone, M., 1991, citado en Bocock,
R., “El consumo”, Talasa, Madrid, 1993, p 52).
Sin embargo, no puede considerarse como una única causa la responsable
de los cambios acontecidos en la consideración social del
ocio activo.
En primer lugar debemos tener presente que el número de horas
de tiempo libre en las sociedades occidentales ha experimentado un
aumento bastante significativo, sin que haya existido una formación
paralela de esos ciudadanos sobre las formas de emplear dicho tiempo,
lo que ha provocado que en la mayoría de las sociedades urbanas
se haya convertido en un ocio pasivo de espectadores frente a un ocio
activo de practicantes. No obstante, en los inicios del nuevo siglo se ha
comenzado a sentir un cambio cultural generalizado de retorno al ecologismo,
que está provocando una gran demanda de actividades novedosas
de riesgo y aventura en el medio natural, con mayor valoración
de las vivencias desarrolladas en espacios salvajes naturales, que de
emociones experimentadas en espacios domesticados artificiales,
como pueden ser las instalaciones deportivas.
No siempre es posible escapar de nuestra sociedad urbana el tiempo
suficiente como para poder realizar una continuada actividad física
que nos permita obtener los pretendidos objetivos estéticos, sociales
y de salud, por lo que necesitamos poder lograr esas emociones y sensaciones
en unas infraestructuras convencionales próximas durante
todas las épocas del año, como en salas, gimnasios, etc.
Esa preocupación por la salud y la estética comenzará a convertirse
en objetivo prioritario de este tipo de centros frente al rendimiento
físico y la preocupación por la ocupación pasiva del tiempo libre.
Este cambio motivacional respecto a la práctica de actividades físicas
en los gimnasios, ha tenido un factor predominante para su desarrollo
en el acceso masivo de las mujeres a la práctica de actividades
físicas de ocio activo, no por un aumento de su tiempo libre, sino por
una modificación de su rol social, al incorporarse al ámbito laboral y
buscar en los gimnasios mecanismos de evasión y compensación física,
cultural y social, lo que provocará una difusión de los programas de
ejercicio físico preocupados por conseguir beneficios estéticos
mediante actividades rítmicas de bajo impacto y poca implicación.
La decisión de realizar algún tipo de ejercicio físico resulta en
muchos casos un proceso complicado y difícil, al que le achacamos con
demasiada frecuencia grandes dosis de sacrificio y voluntad para vencer
la pereza inicial, la falta de tiempo disponible y la falta de motivación,
por lo que las nuevas propuestas y tendencias de programas físicos,
tratan en cierta medida de vencer esas reticencias iniciales haciéndolas
tremendamente atractivas para ayudarnos a dar ese primer paso
que nos anime a conocerlas y “engancharnos” a su práctica, dando ese
primer paso que nos arranque de la rutinaria vida sedentaria.
Basándonos en estas consideraciones previas, pretendo realizar un
rápido repaso de algunas de las ofertas de programas físico-deportivos
que actualmente se comercializan en los gimnasios, o entidades similares,
para un sector de población que acaba de abandonar la juventud
y no se resigna a incorporarse a la oferta de actividades para adultos y
menos aún a las propias de la “tercera edad”. Un sector de población
mayoritariamente femenino, que se caracteriza por disponer de poder
adquisitivo para ocupar su tiempo de ocio en actividades comerciales
de recreación, preocupado por su salud y bienestar personal, con
inquietudes medioambientales y con marcados deseos de atención
individualizada pero protegida por el anonimato del grupo, lo que
además le facilita sus relaciones sociales, aunque salvaguardando sus
intereses y motivaciones personales.
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